Familia cenando junta

En el mundo de la educación, los resultados de PISA (Programme for International Student Assessment) siempre despiertan gran interés. No solo porque miden el rendimiento de los estudiantes en matemáticas, lectura y ciencias, sino también porque ofrecen información valiosa sobre su contexto familiar y socioeconómico. En ese sentido, el apoyo que recibe un alumno en casa puede marcar una gran diferencia.

Apoyo familiar: más que una cena juntos

Según el análisis de Funcas sobre PISA, no basta con que haya “apoyo” en un sentido genérico: ciertos gestos concretos son los que más se asocian con mejores resultados académicos. Por ejemplo:

  • Compartir comidas familiares regularmente (al menos una o dos veces por semana) se relaciona con un incremento significativo en matemáticas.
  • Preguntar a los hijos por su día en el colegio también tiene un impacto positivo.
  • Animar a los adolescentes a lograr buenas calificaciones funciona, aunque en menor medida.
  • Por otro lado, hablar constantemente de si deben seguir estudiando (por ejemplo, para ir a bachillerato o formación profesional) no siempre se traduce en un mejor rendimiento: podría ser una estrategia de las familias para motivar a alumnos con bajo rendimiento más que un apoyo espontáneo.

Estos gestos transmiten atención, interés y, en muchos casos, un sentido de seguridad emocional: valores que también pueden fomentar la dedicación al estudio.

Además, Funcas destaca que no todo el mundo recibe el mismo nivel de apoyo: hay desigualdades importantes por género, origen socioeconómico u origen migratorio. Estos desequilibrios pueden contribuir a que las brechas educativas persistan o incluso se agranden.

¿Qué nos dicen los datos recientes de PISA?

Aunque aún no hay datos de PISA 2025, los informes más recientes (como los de PISA 2022 y los resultados publicados en 2023–2024) aportan información relevante:

  • Según el INEE (Ministerio de Educación), los informes internacionales de PISA 2022 ya están disponibles, incluyendo no solo matemáticas, lectura y ciencias, sino también el pensamiento creativo y la competencia financiera. 
  • En la competencia financiera, un 25% de los estudiantes españoles de 15 años se sitúa en los niveles más altos (niveles 4 y 5), según La Moncloa.
  • Sin embargo, también hay alertas: cerca del 42% de los estudiantes españoles no son capaces de interpretar facturas o nóminas de manera sencilla, una cifra muy similar a la media de la OCDE, según El País.
  • En cuanto al pensamiento creativo (una dimensión relativamente nueva en PISA), España destaca en equidad: la diferencia entre estudiantes favorecidos y desfavorecidos socioeconómicamente es menor que la media de la OCDE, según RTVE
  • A nivel territorial, la Comunidad de Madrid y Castilla y León son líderes en pensamiento creativo dentro de España, según El País.
  • Por último, uno de los retos más señalados: España tiene pocos estudiantes “excelentes” en PISA (niveles más altos de rendimiento), especialmente en matemáticas, lo que preocupa porque estos niveles reflejan capacidades más complejas como la resolución de problemas nuevos, según leemos en El País
  • También se identifica un problema en el aula: por ejemplo, un 33% de los alumnos señala que se distrae con el móvil durante las clases de matemáticas, según Telecinco.

Conectando apoyo familiar y los nuevos retos educativos

La conjunción entre el apoyo familiar y los datos recientes de PISA sugiere algunas reflexiones interesantes:

  • Más allá del rendimiento académico tradicional: hoy no solo importa cuánto saben los estudiantes, sino también cómo gestionan sus finanzas o cómo piensan creativamente. El apoyo familiar puede influir también en estas dimensiones.
  • Políticas educativas con enfoque familiar: promover iniciativas que incentiven las cenas familiares o espacios de diálogo podría ser una herramienta pedagógica poderosa. No es solo una cuestión de “hacer los deberes”, sino de construir un clima emocional que favorezca el aprendizaje.
  • Equidad social: dado que el apoyo familiar varía según el nivel socioeconómico, trabajar para reducir estas desigualdades puede ayudar a nivelar oportunidades educativas. Programas de tutoría o de acompañamiento familiar podrían ser parte de la solución.
  • Prevención de distracciones en clase: con datos como el alto uso del móvil en clase, es urgente pensar en estrategias para mejorar el entorno de aprendizaje. Pero también el hogar tiene un papel: si hay una cultura familiar más orientada al estudio y al diálogo, tal vez se refuerce el interés por aprender.

Conclusión

El apoyo familiar no es solo un añadido agradable: puede tener impactos reales y medibles en el rendimiento de los estudiantes, especialmente cuando se traduce en gestos concretos de atención y comunicación. Al combinar el análisis con los datos recientes de PISA, se vislumbra un camino prometedor para mejorar resultados educativos: no solo a través de reformas escolares, sino también reforzando la implicación de las familias.

Si queremos que los alumnos no solo saquen buenas notas, sino que desarrollen competencias profundas —financieras, creativas, de pensamiento crítico—, es necesario trabajar en casa y en la escuela, de forma conjunta.

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