Edificio de la escuela Michaela de Londres

Los resultados de Michaela se encuentran entre los mejores del país. Más de la mitad (54%) de todos los grados se situaron en el nivel 7 o superior (equivalente a las antiguas A y A*), lo que fue más del doble del promedio nacional, que fue el 22%. Casi uno de cada cinco alumnos (18%) de todos los grados se situaron en el nivel 9, en comparación con el 4,5% del nivel global, y en matemáticas, uno de cada cuatro alumnos se situó en el nivel 9.

Ubicado en Wembley, Londres, Michaela es un colegio público de la vieja escuela, donde la disciplina, la memoria y las altas expectativas para sus alumnos son las claves del aprendizaje. Sus alumnos de origen humilde sacan notas extraordinarias.

Con un enfoque que recuerda a métodos educativos más tradicionales, los estudiantes se mueven en fila y en silencio, y se les reconoce por su buen comportamiento y logros académicos. La fundadora, Katharine Birbalsingh, argumenta que el sistema educativo falla a los más pobres al no exigirles lo suficiente, lo que la llevó a abrir este centro en 2014. A pesar de las críticas de algunos educadores progresistas sobre su enfoque de vigilancia, los alumnos afirman sentirse parte de una comunidad unida y apoyada. El Michaela ha obtenido altas calificaciones de la Oficina de Inspección Escolar del Gobierno (Ofsted), lo que sugiere que su método está funcionando.

El artículo del periódico El Mundo continúa explorando la vida en el Michaela, un colegio que busca elevar las expectativas de sus alumnos, muchos de los cuales provienen de entornos desfavorecidos. En el comedor, los estudiantes recitan poemas y participan en debates sobre temas como el uso de la tecnología, aunque también disfrutan de charlas más ligeras sobre fútbol.

En las clases, los alumnos demuestran un buen dominio del vocabulario y conceptos literarios, como se observa en su estudio de Shakespeare. El ambiente está decorado con obras de arte y se enfatiza la importancia de la memorización y la disciplina, reflejada en el acrónimo SLANT, que promueve una buena conducta en clase.

El profesorado está altamente cualificado, con muchos docentes provenientes de universidades prestigiosas. Aunque algunos estudiantes mencionan que adaptarse a las estrictas normas del Michaela fue un desafío, el mensaje del equipo educativo es claro: el aprendizaje puede ser difícil, pero es gratificante. Además, el colegio ha logrado atraer la atención de otros educadores, organizando un festival para compartir su enfoque pedagógico, que combina métodos tradicionales con un uso inteligente de la tecnología.

Podeis leer el artículo de The Guardian

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