chico delante de libros

Este artículo de Carlos Javier González Serrano explora cómo la sociedad actual se ha alejado del presente y de la reflexión profunda, sumiéndose en una búsqueda incesante de un futuro prometedor que nunca llega. Basándose en las ideas de Carl Gustav Jung expresadas en Recuerdos, sueños, pensamientos, el autor señala que este desarraigo genera una insatisfacción y desasosiego crecientes.

El análisis se extiende a cómo empresas, medios y partidos políticos explotan este anhelo, manteniéndonos en un estado de intranquilidad constante, persiguiendo un deseo tras otro. Se destaca la ironía de que, mientras experimentamos un aumento de trastornos emocionales, los gurús de la autoayuda nos instan a ser "resilientes" y a aceptar situaciones inaceptables. Richard Sennett complementa esta idea al describir una sociedad orientada al cortoplacismo, donde la reflexión es desechada en favor de la urgencia del "ahora".

El texto también argumenta que esta dinámica anula la disidencia, tachando de "estúpida" o "ridícula" cualquier oposición, bajo la premisa de que "si cambias tu forma de pensar el mundo, el mundo cambiará". Esta visión se contrapone con la de Paulo Freire, quien en Pedagogía del oprimido afirma que la libertad es una conquista, no un regalo, y con la de María Zambrano, quien enfatiza que los seres humanos somos "problemas vivientes", no predeterminados.

Ya en 1957, Jung predijo que las "mejoras progresivas" y los "gadgets" no aumentarían el bienestar, sino que acelerarían el "tempo" de vida, dejándonos con menos tiempo que antes (citando omnis festinatio ex parte diaboli est – toda prisa proviene del diablo). Esta prisa se manifiesta hoy en la dificultad para la concentración, como señala Gloria Mark en Attention Span, donde explica que la capacidad de mantener la atención se ha reducido drásticamente. La autora critica la trampa actual de asociar felicidad con productividad o utilidad.

Finalmente, el artículo de González Serrano enfatiza que la imposibilidad de la pausa y la reflexión no es una falla personal, sino un resultado de un entramado cultural y tecnoeconómico. La verdadera emancipación no reside en "recuperar el equilibrio" (aceptando los términos impuestos por el sistema), sino en imaginar otros modos de ser y existir.

La imaginación ha sido "raptada" para fines productivistas, limitando nuestra capacidad de concebir escenarios alternativos y haciéndonos temer salir de los criterios de rendimiento. Se concluye que defender nuestro tiempo para la "skholé" (ocio dedicado al conocimiento y la virtud, del que proviene la palabra "escuela"), y no ser simplemente empleados o explotados, es crucial para la democracia deliberativa y para la liberación intelectual y emocional. La imaginación libre es, en última instancia, una herramienta política que nos permite crear nuevas realidades y no repetir las impuestas por otros.

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